martes, 20 de febrero de 2018

Subida a la nieve

Marcos Zubimendi
1º H
El pasado fin de semana, domingo 28/1/18, mis padres nos dieron una increíble sorpresa. EL domingo nos levantaron a las 7 de la mañana para ir a esquiar a la estación de Valdesquí, en la sierra de Guadarrama.
Ya el madrugón que nos pegamos valió la pena por el maravilloso paisaje que veían nuestros ojos al subir a la estación. Las copas de todos los árboles estaban llenas de nieve, y todo el bosque estaba repleto de nieve por el suelo y los árboles. Simplemente espectacular.
Tras alquilar el equipo, ya estábamos listos para comenzar a esquiar. Al principio sentí algunos nervios. Hacía casi un año desde que no esquiaba, Semana Blanca del año pasado, y no tenía tanta confianza como deseaba. Como suele pasar, los nervios se pasaron a la primera bajada. Me acordaba de esquiar bastante bien, y al tiempo que iba completando bajadas iba aumentando mi confianza con los esquíes.
Es curioso, ya que a pesar del tiempo que había pasado sin tocar unos esquíes, tenía sensaciones similares  a las que estuve en la Semana Blanca. Sentí como si hubiese perdido el miedo que tenía a las pendientes, o a ir a más velocidad de la acostumbrada. Fue un sentimiento muy especial en ese momento para mí.
Después de parar a comer, nos quedaba tiempo suficiente para completar muchas más bajadas, y como ya teníamos confianza, nos atrevimos con pistas con algo más de pendiente, lo que era genial. Desde lo alto de la montaña, se apreciaba un paraje montañoso, con todas las laderas cubiertas de nieve. Precioso, es la única forma que se me ocurre de describirlo.
Lo que más me gustó de la subida a la nieve, no fue los paisajes ni las sensaciones al esquiar. Fue la sensación de estar en contacto pleno con la naturaleza, el sentimiento de libertad, de creer que puedes hacer cualquier cosa. Sinceramente, creo que es un sentimiento indescriptible que te llena por dentro, que te hace sentir una buena persona, te hace creer en ti mismo y de tu capacidad para cambiar el mundo y las personas que te rodean.

Espero que, lo que yo sentí en ese día, puedan sentirlo todas las personas al menos una vez en la vida, porque pocas sensaciones se pueden equiparar a eso.

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