martes, 24 de octubre de 2017

Segunda sesión del III Taller de Creación Literaria

Carpe Litteram, Joaquín Pérez.



            
               Asistí al III taller de creación literaria del instituto, Carpe Litteram, por primera vez el 24 de octubre, en la que fue la II sesión. Decidí apuntarme porque me gusta mucho escribir y expresar mis pensamientos y emociones a través de la escritura, por lo que consideré imprescindible mi asistencia a dicho taller.
            Normalmente, en las primeras sesiones (hay sesiones dos veces por mes), se trabajan los diferentes tipos de relatos. En esta II sesión se trabajó el microrrelato. Tras una breve exposición por parte del profesor coordinador de sus principales características, se nos dio un tema y libertad para escribir.
            El tema elegido para esta II Sesión fue esta foto:

 

            Sinceramente, la experiencia en general fue algo que me sorprendió, aunque gratamente. Poder dedicarle algo más de una hora (lo que duró el taller) a la escritura, involucrando mis cinco sentidos en ella, fue algo que llevaba mucho tiempo sin hacer, debido a la falta de tiempo que me ocasiona el Bachillerato Internacional.
            Además, con el objetivo de proporcionarnos inspiración, nos repartieron chucherías. A continuación hay algunas fotos del momento del reparto, y también del taller en general:

 

            Me gustó mucho sobre todo el poder expresarme con libertad, en la forma que quisiese (dentro de los límites que supusieron el microrrelato y el tema, claro). Me ayudó a estimular de nuevo mi faceta creativa, y descubrí que la echaba de menos.
            El resultado de esa fluidez creativa que me invadió aquel día fue el siguiente:

Vía de escape

       Las agujas se movían con ligereza en el aire, escribiendo todas y cada una de las palabras que tenía que contar, que expresar, cada vez más rápido, con ansia por dejar escapar todo aquello que le ataba y apretaba por dentro, que le hacía contener la respiración. No tenía mucho tiempo; era consciente, pero necesitaba liberarse, escaparse; escaparse para sentirse libre, como darle alas a un pájaro que desea volar, para que recorra todo un prado raudo y frenético, y al final simplemente termine posándose sobre el árbol más cercano.
       Con cada rítmico movimiento de sus manos, se iba aflojando la cuerda.
       Súbitamente, el tren dio un frenazo. Dejó las agujas de tejer sobre sus piernas. Las encerró dentro de su puño y, con paso rápido, salió del vagón del metro, alejándose del prado.

            En definitiva, fue una experiencia muy enriquecedora y que sin duda repetiré asistiendo a la próxima sesión.




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